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Al principio, Dios creó el cielo y la tierra.
La primera frase del texto bíblico sirvió
de inspiración a diversos artistas, como Miguel
Ángel en su pintura monumental, el techo de la
Capilla Sixtina en el Palacio del Vaticano, en Roma.
Y también para el profesor João Roberto
Gretz, en su libro “Lo Obvio”, en el que
trazó una interesante analogía entre la
creación divina y el sistema de gestión
de una empresa.
Al principio, se refiere al tiempo; Dios es poder; crear
es la acción; el cielo es el espacio; la tierra,
la materia. Pues bien:
El tiempo puede ser relacionado al horario de trabajo,
al cumplimiento de plazos, a la agilidad y las oportunidades
que aparecen en un momento determinado.
El poder se refiere a la jerarquía, organización,
normas y procedimientos, liderazgo de equipo y control
sobre la calidad del servicio o de la producción.
La acción de crear exige objetividad, eficiencia,
competencia. Involucra también la preocupación
por la productividad y la seguridad.
El espacio está ligado al ambiente de trabajo
y también a la distribución de la producción,
al área cubierta por el servicio, a la repercusión
del trabajo.
La materia abarca las inversiones, las instalaciones,
el producto, los servicios y, finalmente, el lucro.
Todas esas consideraciones pueden ser aplicadas al universo
de los gimnasios y centros deportivos.
Al hablar de gestión, tenemos que hacer referencia
a poder, a plazos, a acciones, a espacios, a servicios
y, sobre todo, a la gente. A final de cuentas, la
rentabilidad de un negocio depende siempre de personas.
Por eso, empleados y profesores precisan conocer los
objetivos con que llega cada cliente y comprometerse
en atenderlo bien a fin de estimular su retorno. El
éxito del negocio resulta, por tanto, de la calidad
de la relación interpersonal.
Una empresa prestadora de servicios que aspira a aumentar
la rentabilidad tiene que estar atenta a cuatro pilares,
directamente vinculados a los clientes: atención,
ventas, liderazgo y conocimiento de las intenciones
del socio-alumno.
Atención: Tiene lugar en toda
ocasión en que un cliente mantiene contacto con
alguien de la empresa: recepcionista, profesor o encargado
de limpieza. No es sólo el momento en que el
visitante llega a la recepción en busca de información
o cuando el alumno pide orientación a un profesor
en la sala de musculación.
De hecho, no es preciso estar detrás de un mostrador
para brindar “atención”. Siempre
que el cliente se relaciona con algún miembro
del staff del gimnasio, está en curso un proceso
de “atención”. Éste comienza
por el propietario de la empresa, pasa por los profesores
y sigue con el resto de los empleados.
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